Viajes

Volver a «casa»

Volví a Buenos Aires después de un poco más de un año. Volví sola de entrada y esta vez no fue de sorpresa, ya lo sabían todos. Así que me fueron a buscar literalmente todos (mi familia). Siempre siguen mi vuelo, saben por dónde voy todo el tiempo en el cielo. Llegué y los abrazos fueron (casi) infinitos. El primer abrazo fue la despedida para siempre de la mujer que viajó al lado mío (siempre me hago amiga del que viaja sentado al lado). Es una amistad copada, dura poco, pero como son trece horas de viaje, hay tiempo para contar porqué nos mudamos, hace cuánto no volvemos, etc. El segundo abrazo fue el abrazo que mas necesitaba, por el que lloré (y lloro y seguiré llorando mientras esté lejos) el de mamá, obvio. Por lo general, como soy muy maricona, cuando me agarra la nostalgia o el bajón enseguida pienso en que encima tengo a mi familia lejos, no porque quiero que me resuelvan la vida sino porque necesito el abrazo de ellos para seguir  y pensar que al final yo elijo estar acá y estamos todos vivos. Se extrañan los abrazos con olor a mamá o papá y el calor de casa.

Mates a toda hora en el jardín.

Cuando vuelvo siempre son tres semanas “de vacaciones” que están lejos de serlo porque es un non stop, cenar con los tíos, almorzar con la abuela, merendar con “la negra”, viene tal a la pileta, vamos con tal a tal lado, y es muy difícil descansar. Además, aunque para la mayoría de los europeos, Barcelona es enorme, para mi es un pañuelo, el subte te conecta de punta a punta y, si quieres salir de la ciudad e irte a lugares hermosos dentro de Cataluña, con un tren estas en cualquier lado, en cambio, Buenos Aires es enorme, es mucho más grande y lo malo que tiene es que el transporte no funciona de la misma manera entonces, como no manejo, todo tipo de traslado lleva mas tiempo pero lo disfrute mil veces más, sobre todo y más aún siendo de Quilmes.

Para mi un lujo lo que mi mamá armó en el patio.

Esa mañana fuimos todos a casa, compramos facturas y tomamos mil mates, había llegado muy temprano así que también almorzamos todos juntos. Mamá había preparado la casa como si fuese a recibir  a la Reina de Holanda. Las plantas estaban hermosas, había puesto la alfombra que guardaba “para ocasiones especiales”, armó un lugar precioso para sentarnos en el jardín, la casa estaba que brillaba por donde la mires. Esa primera semana pasé tiempo con algunos amigos, saliendo un poco, reencontrándome con gente que no veía mínimo hacía un año, pasando tiempo con mi hermana y también aproveché para descargar algunas series que en el Netflix español no están.

Las cosas habían cambiado, ya lo sabía pero no sabía en qué magnitud cada cosa y admito que estaba un poco asustada. Sobre todo por la situación del país, Argentina tiene muy poca estabilidad económica –por no decir nula- entonces sabía que me iba a encontrar con cosas un poco tristes. Así fue, papá ya no tenía trabajo esta vez, mamá trabajaba mil horas al día y está fuera de casa de jueves a domingo para poder mantener en pie la casa, mi hermana perdió el trabajo también y se arregla con unas “changas” en la panadería de un amigo. Por otro lado, Quilmes nunca fue una perla del conurbano bonaerense pero nunca lo vi tan abandonado como esta vez. Mi grupo de amigas, que ya no estaban muy juntas la vez anterior que fui, esta vez casi que no sabían la una de la otra por mas de dos o tres meses. Lo cual se sumó a la lista de tristezas. Mientras hablaba con alguna de ellas escuché “ya lo superé, la había pasado mal”, “yo me cansé de ser siempre la que intenta que juntemos”, y cada una por su lado, tenían ya sus nuevos grupos de amigas. Conocí los novios nuevos del último año, a algunos de esos amig@s nuevos, y vi lo mas sorprendente que jamás antes vi, “la marea verde” que acá cada vez que veo un pañuelo verde se me enciende una lucecita en el alma y me vuelve un poco de esperanza en el ser humano. Sé que el ser humano tiende a necesitar o querer ser parte, formar parte de un grupo del cual se siente identificado, esto es nuevo y no es un club donde las leyes son iguales para todas, llevamos el pañuelo verde porque somos parte del colectivo de mujeres a favor de la legalización del aborto pero también cada una puede tener sus diferencias dentro del tema. Además todo pasó rápido, el año anterior cuando estuve ahí, no existían los pañuelos verdes, esta vez vi una cantidad de bolsos, mochilas, riñoneras, brazos con esos pañuelos y me sentí tan feliz.

Por lo general cuando pienso en “mi casa” para esta altura ya es mi casa en Barcelona, porque vivo acá, cada día de mi vida, pero cuando vuelvo a “casa” es otra cosa, es mi casa en Quilmes, pero durante estos casi dos años me costó mucho asumir que ya estaba viviendo acá y que mientras no vuelva, acá sería “mi casa”. Es raro, cuando vuelvo me empiezan a pasar cosas como pasar de nuevo por todas las cosas, “ay el mate y la pava de mamá”, los vinilos de papá, las perras saltando por todos lados, la abuela a los gritos (porque no escucha bien), el lugar donde mamá deja la escoba, el sol que entra a eso de las cinco en la habitación de mamá y papá, la tele siempre encendida, la panera en la mesa, la heladera con fiambre y queso mantecoso, mi hermana robándome ropa, la tortuga caminando entre las perras. Pero también me pasó que en un momento cuando me quedé sola en “casa” me llegó la sensación de pensar esto ya no es mi casa, ya tengo otra casa y está en otro lugar y como estaba sola intenté disfrutar una vez más esa casa como si aún fuera uno de esos días normales cuando me levantaba y levantaba las persianas, ponía la pava y salía al patio.

Buenos Aires es hermosa, tiene toda la magia del mundo, cuando cae el sol no hay una calle que no brille y no te haga encandilar. Cuando voy intento ir un día sola a caminar por el centro, pasé muchos años haciéndolo, corriendo de una punta la otra, combinando subtes por trabajo, estudio, amores y demás así que me gusta ir y caminar por esas mismas calles, acordarme de cuando cruzaba determinadas esquinas, lugares donde compre cosas, bares donde me senté a hacer tiempo, plazas donde esperé a alguien, que me tiren el auto encima cuando voy a cruzar en Córdoba y Bouchard, las librerías de corrientes, el abasto y mi barrio preferido: Almagro, amo caminarlo hasta llegar al Parque Centenario (donde hasta tuve clases de Sociología cuando la facultad estaba tomada). 

Continúa…(pero con compañía)

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